Como siempre, el
discurso dominante nos viene haciendo creer “cosas”, “hechos”, “estados”,
“situaciones”, etc., es así que siempre existen propagandistas que nos hacen
creer que vivimos la mejor época de nuestra historia, en definitiva, eso es lo que hacen los propagandistas, convencernos de una verdad inexistente. Es así que
solemos escuchar afirmaciones dogmáticas, que nos relatan situaciones de
progresismo, recuperación de causas, defensa de los desprotegidos y postulados
pseudo ideológicos en los que siempre “la
derecha son los otros”. Estas afirmaciones, a menudo acompañadas de ciertos
delirios mesiánicos, se completan con la cruenta descalificación del adversario,
como para que ya no quede nada que discutir.
Afortunadamente,
suelen cruzarse en nuestras vidas esas personas que pretenden ver más allá del
discurso dominante, pensar nuevamente las cosas y examinar las razones o, según
el caso, aportar nuevas “buenas razones”; si sus conclusiones son diferentes a
las de la mayoría seguramente la pasaran muy mal, serán resistidos y atacados,
pero, con bastante frecuencia –y a regañadientes-, la historia termina
ofreciéndoles un formal perdón, les rinde un homenaje, muchas veces postumo, y
le reconoce sus verdades, haciéndolas propias o usándolas de bandera (o en una bandera, que no es lo mismo).
No es nuestro
objetivo, ni consideramos oportuno embanderar un discurso

